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Septiembre en el Valle de Colchagua: Vino, Tradiciones y el Alma de la Patria

La patria se celebra con vino y tradiciones

Septiembre en Chile no es solo un mes de banderas y cuecas, es también un tiempo en que volvemos a nuestras raíces. En el Valle de Colchagua, donde el vino se respira en cada rincón, las Fiestas Patrias adquieren un carácter muy especial: los sabores, las canciones y los paisajes se entrelazan para dar vida a una celebración única.

El vino, que ha acompañado la historia de Chile desde tiempos coloniales, se convierte en protagonista silencioso de estos días. No hay fonda sin una copa de tinto, ni asado que no se brinde con la cosecha de la temporada. Más que bebida, el vino es parte de nuestra memoria colectiva.



Cueca y vino: un maridaje patrio

La cueca, declarada danza nacional, nace del zapateo alegre y del canto popular. Y aunque muchos la asocian solo con las ramadas, en las zonas rurales como Peralillo o Santa Ana se baila entre viñedos y en casas de campo.

Antiguamente, la vendimia y las celebraciones de la independencia se cruzaban en un mismo calendario: mientras se festejaba la patria, se compartía el mosto nuevo. Esa unión sigue viva cada septiembre, cuando la cueca resuena entre copas de Carménère, Cabernet Sauvignon o Malbec.


Comidas típicas y maridajes chilenos

Ninguna celebración patriota estaría completa sin la mesa bien servida. En la zona de Colchagua, estas son algunas costumbres que aún se mantienen:

  • Empanadas de horno: de pino, jugosas, que combinan perfecto con un Cabernet Sauvignon joven.

  • Choripanes y asados campestres: ideales con tintos más frescos como el País o un Syrah.

  • Sopaipillas pasadas: dulzura típica para los días más fríos, acompañadas de un vino fortificado o un cosecha tardía.

  • Chicha: bebida ancestral que, aunque distinta del vino, recuerda la esencia campesina de nuestra tierra.

Cada plato tiene su historia y su maridaje natural, que se transmite de generación en generación.



Las fondas rurales del Valle de Colchagua

A diferencia de las fondas urbanas, en el campo las celebraciones de septiembre tienen un aire más íntimo y comunitario. Los vecinos se reúnen en ramadas de madera y hojas de eucalipto, las guitarras improvisan tonadas, y los niños corren con volantines entre los parronales.

En estos encuentros, el vino no falta: botellas compartidas en la mesa larga, donde se entrelazan anécdotas y canciones. Es un recordatorio de que el vino, más allá de lo enológico, es un símbolo de encuentro.


El dato patrio de valor: el vino como memoria de Chile

Más allá del brindis, el vino es parte del ADN cultural chileno. En Colchagua, cada septiembre se recuerda que las viñas no solo producen botellas, sino que guardan historias de familias, de cosechas y de pueblos que se han levantado en torno a la vid.

Beber una copa en Fiestas Patrias es, de algún modo, brindar por la historia de Chile: por el campo, por sus tradiciones y por la gente que las mantiene vivas.



Preguntas frecuentes sobre vino y tradiciones patrias

Pregunta

Respuesta

¿Por qué el vino es tan importante en septiembre?

Porque ha acompañado las celebraciones desde la época colonial, siendo parte esencial de la mesa chilena en Fiestas Patrias.

¿Qué vinos combinan mejor con empanadas y asados?

Cabernet Sauvignon para las empanadas de pino y Syrah o País para los asados campestres.

¿Qué diferencia hay entre chicha y vino?

La chicha se elabora con uva o manzana fermentada de manera más artesanal y rápida, mientras que el vino pasa por un proceso de guarda y maduración.

¿La cueca siempre estuvo asociada al vino?

Sí, especialmente en zonas rurales, donde la música y el vino se compartían en vendimias y celebraciones patrias.

¿Qué tradiciones se mantienen vivas en Colchagua en septiembre?

Fondas rurales, cuecas improvisadas, volantines y mesas comunitarias regadas con vino local.

¿Qué significa brindar en estas fechas?

Es un gesto de unidad y gratitud: por la tierra, la familia y el espíritu patrio que nos une.

En septiembre, Chile se viste de fiesta y el vino se convierte en testigo privilegiado de nuestras costumbres. En el Valle de Colchagua, la patria no solo se celebra con bandera y cueca, sino también con la memoria líquida que descansa en cada copa.

Brindar este mes es honrar a quienes nos precedieron, celebrar lo que somos hoy y proyectar el Chile que soñamos: uno con raíces profundas, identidad viva y siempre acompañado de un buen vino.

 
 
 

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